Por Tim Padgett
CÚCUTA, COLOMBIA | La casa de Angélica Lamos es uno de los pocos lugares en Cúcuta donde se puede oir a los niños refugiados venezolanos reÃr en vez de llorar. De hecho, los niños chillan de placer jugando con globos en el patio de la casa mientras el ritmo alegre de una cumbia se cuela desde el café de la esquina.
No están desnutridos. No están enfermos.
La espaciosa casa de Lamos en el barrio cucutano de La Ermita, no muy lejos de la frontera entre Colombia y Venezuela, perteneció a su padre. Hoy en dÃa es un albergue llamado Humildad Extrema, y sirve de hogar para una docena de familias venezolanas que han llegado a esta ciudad escapando de la catastrófica crisis económica causada por el gobierno socialista autoritario del vecino paÃs.
Esta es la tercera parte de la serie "Escape de Venezuela."
Para Lamos, el nombre del albergue es un recordatorio de que ella también está pagando una deuda.
"Yo me acuerdo cómo Venezuela nos abrió las puertas a mà y a mi familia hace muchos años," dice Lamos. "Cuando no tenÃamos nada."
Hace 15 años, Lamos y su familia eran dueños de una hacienda de 15 acres al norte de Cúcuta. Pero la feroz guerra civil colombiana continuaba y su familia fue una de las muchas que fue puesta en peligro por la violencia predominante.
Guerrillas izquierdistas y paramilitares derechistas trataron en repetidas ocasiones de tomar su hato. Pero cuando los paramilitares llegaron a reclutar a su hijo de 13 años, la familia de Lamos dejó todo atrás para escapar hacia Barinas, Venezuela.
"No conocÃamos a nadie," recuerda Lamos. "Pero nos dieron trabajo, nos dejaron hacer una vida allá. Eso nos salvó."
Pero la situación volvó al revés hace unos años. Cuando decenas de miles de refugiados venezolanos desesperados comenzaron a escapar hacia Colombia cada dÃa, Lamos regresó a Cúcuta. Y por apenas $1 de renta al mes por familia, le abrió sus puertas a estos nuevos emigrantes y refugiados, muchos en condiciones desesperadas.
Cada dÃa, Lamos se asegura de que sus huéspedes estén bien. Como Lilibel Rangel de Mérida, Venezuela - quien dice que la cocina portátil que usa estos dÃas en su habitación no es como la estufa que tenÃa en su casa, pero por lo menos en Cúcuta puede cocinar la comida que ya no podÃa conseguir para sus hijos en Mérida.
"Para nosotros," dice Rangel, "Angélica es la diferencia entre dormir en una cama o dormir en la calle."
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Por un tiempo, el resto de Colombia fue tan generoso con los venezolanos como Lamos.
Pero eso está cambiando.
Cerca de 700,000 venezolanos han llegado a Colombia en los últimos años - creando problemas sociales y económicos. En Cúcuta, médicos reportan que los venezolanos refugiados han aumentado la carga de pacientes en salas de emergencia en un 20 por ciento.
Mientras cientos de venezolanos esperaban a las afueras de una iglesia en Cúcuta en mayo para recibir ayuda de las Naciones Unidas, colombianos como Andrea Peña miraban con rabia.
"¡Los venezolanos se están llevando toda la ayuda!," gritó Peña, quien es madre soltera. "¡Y los colombianos quedamos por fuera!"
No sorprende que las deportaciones de inmigrantes venezolanos se hayan vuelto comunes en Cúcuta. Victor Colmenares, de 20 años, formó parte de un grupo de venezolanos expulsados durante el mes de mayo por trabajar ilegalmente como vendedor callejero.
"Venezuela ayudó a muchos paÃses cuando éramos ricos," dijo Colmenares a SA¹ú¼Ê´«Ä± mientras salÃa de Colombia. "¿Por qué no pueden darme una oportunidad ahora?"
Colmenares fue deportado porque no tenÃa permiso de trabajo. Hasta hace algunos meses, Colombia emitÃa estos tipos de documentos para los venezolanos sin mayores trabas, pero ahora, por ejemplo, las tarjetas de entrada para los venezolanos en la frontera están suspendidas.
De hecho, el miedo a que el colapso del vecino venezolano afecte a Colombia impulsó la candidatura del conservador Iván Duque en la primera ronda de las elecciones presidenciales colombianas del domingo 27 de mayo. De hecho, él dio uno de los discursos finales de su campaña en Cúcuta.
El aumento de los sentimientos anti-venezolanos en Colombia es la razón que motivó una reciente campaña contra la xenofobia por parte de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en ese paÃs.
"Estamos viendo más discriminación," dijo Jozef Merkx, quien dirige las operaciones de la ACNUR en Colombia, en una entrevista con SA¹ú¼Ê´«Ä± desde Bogotá.
"Mucha gente dice 'los venezolanos están viniendo a robarnos nuestros trabajos. Las mujeres venezolanas se meten todas a prostitutas.' Hay prejuicios y por eso le estamos pidiendo a los colombianos que entiendan por qué los venezolanos están viniendo a su paÃs," dice Merkx.
Pero quizás el mensaje más importante que la campaña de las Naciones Unidas quiere esparcir es el siguiente: "Por muchos años, los colombianos estuvieron en Venezuela," dice Merkx. "Asà que el tema de la reciprocidad es importante."
Este es un hecho difÃcil de ignorar para los colombianos. Por generaciones, su paÃs estuvo atormentado por una guerra civil - que apenas terminó hace unos años - narco violencia y una desigualdad deplorable. Como resultado, muchos colombianos emigraron en masa a Venezuela.
DE TURISTAS A REFUGIADOS
El propio pasado de Colombia como paÃs de refugiados no se olvida fácilmente en el Sur de la Florida, donde residen la mayor cantidad de venezolanos y colombianos en los Estados Unidos.
"Los venezolanos enfrentan la misma realidad que enfrentamos los colombianos cuando llegamos a Venezuela," dice Fabio Andrade, expatriado colombiano que lidera la organización sin fines de lucro Americas Community Center en Weston. Gran parte del trabajo que hace su grupo es conectar negocios, y Andrada pasa gran parte de su tiempo ayudando a venezolanos recién llegados al Sur de la Florida.
El sabe que ahora en su paÃs, "los colombianos están viendo con desprecio a los venezolanos" - pero él no quiere que eso pase en Estados Unidos. Tampoco lo desean venezolanos en el exterior como Rafael Moros, originario de Capacho, al otro lado de la frontera con Cúcuta, y quien trabaja como asistente legal en Miami,
"Cuando era joven, nosotros Ãbamos para Colombia como turistas, a comer en los restaurantes, a comer comida colombiana y a comprar productos de cuero porque nuestra moneda era fuerte," dice Moros. "Pero ahora los venezolanos somos refugiados."
Alvaro Geles se convirtió en uno este mes.
Conocà a Gelves cuando él entraba a Colombia por Cúcuta - cruzando el Puente Internacional Simón BolÃvar, que recientemente ha visto flujos de hasta 20,000 venezolanos al dÃa. Gelves es un experto en logÃstica industrial de Valencia, Venezuela, adonde sus padres emigraron hace 40 años. Hoy en dÃa es casado y con bebé de 8 meses que alimentar. Asà que decidió hacer el mismo viaje que hicieron sus padres - en reverso.
"Yo nunca entendà las frustraciones de mis padres hasta este momento," me dijo Gelves. "Tengo compañeros de trabajo en Venezuela que no comen sino arroz blanco como almuerzo cada dÃa."
En el cruce también estaba Elsa Sanguino, maestra venezolana, quien reflexionaba sobre el colapso de su paÃs, que posee de una de las reservas de petróleo más grandes del mundo y que antes era uno de los paÃses más ricos de América Latina.
"Es muy humillante para los venezolanos tener que venir para acá en estas condiciones," dice Sanguino. "Para una madre que no tiene con qué comprar leche o pañales porque no tiene dinero -o aún cuando tiene el dinero no puede conseguirlos - es humillante."
La situación es especialmente embarazosa para los que son profesionales. Hace tres meses, Rebeca Prieto trabajaba como ingeniero de petróleo en Maracaibo, Venezuela. Hoy en dÃa cuida niños en Cúcuta a cambio de un salario que es apenas un tercio del salario mÃnimo colombiano. Sus patronos se pueden dar el lujo de pagarle mucho menos porque ella tiene necesidad del dinero.
"No es la situación perfecta, pero está OK," dijo Prieto durante una reunión con otros emigrantes profesionales venezolanos celebrada en Cúcuta en mayo. "Tengo comida y tengo techo. Cualquier cosa es mejor que vivir en Venezuela."
En Bogotá, Jonathan Caldas siente lo mismo. Desde que dejó Venezuela, no hace mucho tiempo, abrió una barberÃa llamada The Kingsman (El Regente) - un eco a la inversa de la historia de sus padres. En 1976 ellos huyeron de Colombia y terminaron poniendo una red de barberÃas y salones de belleza en Puerto Ordaz, Venezuela.
"Mi madre me dijo que ella estuvo llorando por dos años porque sentÃa que los venezolanos no querÃan a los colombianos entonces," dice Caldas.
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Eventualmente los Caldas se sintieron bienvenidos y sus tiendas se convirtieron en centros importantes para otros refugiados colombianos, lugares donde podÃan encontrar trabajo y sentirse acompañados. Eso es lo que The Kingsman se ha convertido para Jonathan Caldas y otros venezolanos refugiados en Bogotá (sin contar con que es también el sitio donde los jóvenes van a cortarse el cabello como sus Ãdolos reggaetoneros).
"Es la misma historia," dice Caldas, "pero en tiempos diferentes."
Es también un recordatorio de la historia compartida entre Venezuela y Colombia. A principios del siglo XIX, fueron parte del mismo paÃs, una república conocida como La Gran Colombia. En esos dÃas, fue la victoria sobre el imperio español lo que unió sus destinos. Hoy, es la tragedia del escape de Venezuela que está uniendo sus fronteras de nuevo.
Manuel Rueda contribuyó con este reporte.
Traducción de Teresa Frontado.